EGA

 

Las tierras del Ega, “llenas de toda suerte de felicidades”

Decía Aymeric Picaud, autor de la primera guía del Camino de Santiago, el Códice Calixtino (S.XII), que “Estella es fértil en buen pan, óptimo vino, carne y pescado, y llena de toda suerte de felicidades”. Estella es la capital del Ega, un río que nace en Álava pero que discurre en su mayoría por Navarra entre tierras fértiles, ricas en vides y huertas, en espárragos y piquillos. El Camino de Santiago recorre estas tierras de cabo a rabo y es parte fundamental de su idiosincrasia, de su cultura y sus tradiciones.

Las tierras del Ega son una transición, son camino entre encinas y robles, entre campos de trigo y exuberantes huertas, ente viñedos y olivos, entre valles y sierras donde los bosques de hayas envuelven todo en un halo de misterio. Aquí se hacía carbón, como recoge el cineasta Montxo Armendáriz en Tasio, se pastorea y se hace queso y se recogen setas y hongos y, entre ellos, la mágica trufa negra, la tuber melanosporum.

Recorrer las crestas y prados de las sierras de Lókiz, Urbasa o Andía, bañarse en el embalse de Alloz, visitar el Museo de la Trufa, pasear hasta el nacedero del Urederra con sus aguas azul turquesa, admirar la arquitectura medieval del Camino de Santiago y disfrutar de una gastronomía excelente. Sumándolo todo, no podía estar más acertado el Códice en su definición.

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